Umuma, la aventura de ser familia | Créeme: tu amiga no necesita un babyshower
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Créeme: tu amiga no necesita un babyshower

Sé que eres muy feliz con tu embarazo.

Y créeme si te digo que seguramente a tu amiga en otras circunstancias le haría una ilusión loca la noticia. Pero hoy NO y quiero explicarte porqué:

Tu amiga acaba de perder un bebé. Su cuerpo, su mente y su corazón están yermos, vacíos de aire y repletos de dolor. Una pena densa, oscura y extraña.. inconfesable lo inunda todo… de ésta casi nunca nadie habla, nadie la entiende, pero que merece ser nombrada. Sé que en el fondo eres capaz de entenderlo y estoy segura de que genera muchísima impotencia no poder ayudarla a estar mejor, a olvidar lo sucedido, a seguir adelante.

Pero es así, nada ni nadie puede. Perder a alguien duele, mucho, y todos con más o menos empatía somos capaces de entender que alguien esté triste si ha perdido recientemente un padre, una madre, un marido o un animal de compañía… 

Pero ¿qué nos pasa con el duelo perinatal? 

Nadie es capaz de nombrarlo, de hablar de él, las personas que lo hemos vivido y lo viven a diario pasan en la mayoría de los casos por la vergüenza, la culpa, la rabia, el miedo, la incapacidad, la negación... y eso a menudo dificulta hablar de ello abiertamente y sentirse comprendido, respetado o valorado. Aún así es necesario. Imprescindible diría yo. Por eso quiero decirte que tu amiga no necesita un baby shower.

Créeme si te digo que ver tu test positivo, tu primera ecografía, los patucos que ha tejido tu abuela, o a tu madre haciendo audios… reabre en ella una herida atroz, que la parte en dos y le estrangula el corazón entre las manos. Te aseguro que daría cualquier cosa por sentirse distinta, por no pasar por esto, por poder controlarlo, pero no es así. No puede, no se siente capaz.

Tu felicidad y plenitud, tu estado de gracia le recuerda su dolor, su pérdida, su búsqueda de una nueva oportunidad, y todos sus miedos y fantasmas. 

Ella quiere verte feliz, y sabe mejor que nadie cuánto lo eres en este momento, por eso entiende que no veas más allá de tu entusiasmo, y tus ganas de compartirlo. Pero aún así, tu embarazo, no le hace bien. Sufre por dentro. Tu felicidad le duele y le encantaría que pudieras entenderla.

Porque se siente como aquél al que acaban de echar del trabajo, y no sabe como va a pagar la hipoteca o la comida de sus hijos, mientras otro se queja de la injusticia de haber hecho dos horas extras; o como aquél que perdió hace unos meses a su madre, y se siente a morir cuando otro se queja de tener un cumpleaños familiar el domingo del que probablemente vuelvas cargado de croquetas; se siente como el enfermo terminal cuando alguien se queja de un dolor de muelas; como la separada doliente que recibe una invitación de boda. 

Se siente morir, porque piensa que la felicidad abandonó su vida, el día que ese pequeño cuerpo se apagó entre sus brazos, arrebatándole lo que más quería, y teme, con un miedo aterrador, no salir nunca del pozo y vivir con la certeza de no ser ya nunca más la misma mujer, la misma madre, la misma embaraza entusiasta que grita a los cuatro vientos que lo ha conseguido. 

Créeme si te pido que seas dulce y amable, que conectes como puedas con su dolor, que seas capaz de entender su tristeza profunda, su rabia, su envidia y hasta sus reproches, porque lo que la atormenta y acompaña, es tan grande que se le hace bola. El tiempo pasará, y seguramente la vida la colmará de nuevos hijos y nuevas oportunidades de sentirse plena y feliz de nuevo; quizá no vuelva a planteárselo porque tema volver a fracasar, tal es el miedo.

Pero es ahora, más que nunca cuando necesita tu amistad, tu comprensión y tu consuelo y sobretodo que no evites el tema, que no minimices si dolor, que no ningunees su pérdida, que no explotes de felicidad frente a su trinchera. 

Disfruta tu embarazo, tu felicidad, tu amor y el regalo de vida que crece en tu interior… y créeme si te digo que tu amiga sabe bien, mejor que nadie, cómo te sientes y te desea, de todo corazón que esa felicidad sea duradera. 

Con todo mi amor, 

(imagen: Pues no sé si me apetece Kiko Rodriguez)

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